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Antes de que termine el año, queríamos
hacer la ultima salida de pesca, y como terminarla si no es pescando
el tigre de los ríos.
Llegamos a Esquina a las 22.30, después d un viaje muy agobiarte.
Compramos unas cositas para picar a la noche y nos fuimos directo a
las cabañas de Baldi, un complejo turístico de primer
nivel, con cabañas 4, 5 estrellas y la atención de los
mejores guías de la zona. Ahí nos esperaba Miguel Bogado,
uno de los mejores guías de pesca de Esquina, Miguel posee una
casita en la isla y brinda el servicio de alojamiento muy simple, con
buenas comodidades, pero solo para gente q gusta de la naturaleza, y
de no tener las mejores comodidades. 
Embarcamos rápidamente, ya q era tarde y tendríamos q
bajar las cosas en la isla, de pasada queríamos probar suerte
en alguna cama loteada por si algún cachorrito nos quería
alegrar mas aun la noche.
Llegando a la isla, nos acercamos a una costa con unos camalotes que
se veían muy tentadores para probar suerte. Cervecita en mano
esperamos los piques, q no se hicieron esperar, en cuestión de
media hora subimos tres dorados muy lindos, de los cuales el q obtuvo
Gustavo superaba largamente los 8 Kg., una bestia dorada, que nos hizo
ir a dormir con una sonrisa muy difícil de borrar.
La idea era levantarnos bien temprano para pescar con la fresca y no
sufrir el calor del medio día.
Arrancamos la mañana bien temprano con unos mates recuperadores,
ya el día pintaba muy caluroso, así que tendríamos
que aprovechar la mañana.
Comenzamos pescando al llamado golpe, una especie de spinnig pero con
carnada, se trata de ir gareteando pegados a la costa e ir haciendo
los intentos sobre los veriles y las correderas, es una forma de buscar
el pique, se cubre mas terreno de esta forma.
Ya de movida nomás comenzamos a tener piques, primero yo, después
Raúl, luego Gustavo,
mientras uno sacaba el otro tenia pique, los dorados eran medianos,
tirando a grandes y entre medio salían alguno hermoso., y así
fuimos pasando las tres primeras horas de la mañana, súper
intensos. Felices y emocionados, fuimos a probar al arroyo el “Inga”,
uno de los lugares más rendidores, debido a las correderas q
se arman, en donde el dorado suele cazar y acechar. Las repuestas no
se hicieron esperar, en cuestión de minutos estábamos,
pescando dorados otra ves, cada pieza q salía era mas grande,
una cantidad de buenos dorados y muy bien alimentados, así llegamos
al medio día y decidimos volver al campamento por el calor era
agobiarte, así descansar bien y aprovechar la caída del
sol para pesca nocturna.
Después de un generoso almuerzo y de una siesta reparadora, nos
levantamos y la sorpresa fue de encontramos con mucho viento y armándose
una flor de tormenta, así tuvimos que cambiar de planes y buscar
algún lugar reparado del viento, no fuimos para el lado del arroyo
“el kerosene” otro lugar muy famoso para pescar surubíes,
así nos arrimamos a una costa con cuna cama loteada que pegada
a la costa, hacia un lugar fantástico para la pesca.
Aquí tardaron en llegar los piques, pero la sorpresa fue que
cuando esperábamos alguna especie de piel, aparecieron los dorados,
y de que tamaño, seguían los grandes portes, y nos seguíamos
sorprendiendo por la cantidad de pescado. 
Después de dos horitas de pesca, nos tuvimos que escapar de una
tormenta que nos iba a mojar bastante, así nos fuimos felices
por la jornada de pesca.
Estoy verdaderamente sorprendido por al cantidad de pescado que hay
y por su calidad también, pero me gustaría que tomemos
conciencia de que tenemos que cuidarlo, que la gran crecida haya traído
pescado, no quiere decir que apareció por arte de magia, quiere
decir que se desparramo, así que tratemos de que dure mucho tiempo,
devolvamos todo al agua o dejemos uno solo para comer, pensemos que
si poder pescarlo es muy lindo, tratemos que dure mucho tiempo.
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