| Nos había llegado
el informe de buen pique de dorados
en Esquina, sin dudarlo llame a Miriam Herrera, ella posee una empresa
de turismo de pesca, se encarga de que todos los detalles para tengamos
una excelente jornada.
La idea era una salida de dos días de pesca,
siempre es aconsejable esto, debido a que son muchos los lugares de
pesca y siempre conviene recorrer todos los que se puedan.
Llegamos a Esquina a las 7.30 hs, sin entrar al pueblo
seguimos por la ruta hasta llegar a la Cabaña del Pescador, ahí
nos esperaba Miriam, con toda esa buena onda que ella siempre entrega.
Después de los saludos correspondientes, y mientras Carlos y
Raúl (mis compañeros de pesca) acomodaban todo en la cabaña,
me presento a Miguel Bogado, nuestro guía de
pesca y el encargado de hacernos pasar dos días espectaculares.
El me contaba que le pique estaba complicado, debido al los cambios
de temperatura que en la semana, habían generado la baja de un
par de grados, esto hace que el pez tarde un par de días en acostúmbrese
a la misma, y por si fuera poco, el nivel del agua no era el mejor ya
que estaba bastante bajo, esto nos iba a perjudicar la entrada a los
riachos para buscar el pescado; el panorama no era es mas alentador.
Después de todo este protocolo, cargamos la lancha y salimos
a toda marcha para ir por el tigre del Paraná. El primer día
decidimos probar suerte río abajo, para el lado de La Paz, comenzamos
pescando en el Paraná, nos acercamos bien a la costa, y mientras
la lancha gareteaba, nosotros tirábamos
y recogíamos muy cerca de los veriles, como si hiciéramos
spinnig pero con carnada, los mejores dorados se suelen pescar sobre
el río principal. Probamos sobre el Paraná toda la mañana
sin tener ninguna respuesta, mas que una par de palometas.
Llegado al medio día paramos a comer y descansar un poco.
A la tarde intentamos dentro de los arroyos, son lugares que siempre
rinden. Paramos en de un arroyo que desembocaba en una laguna bastante
amplia, un lugar con un paisaje fantástico. ¡¡¡Si
no es este, no será otro me dije a mi mismo!!! Fue así,
obtuvimos tres dorados chicuelos, pero al fin dimos con ellos, la alegría
ya era completa, por todo lo que habíamos caminado, igual después
de estos, solo fueron palometas y moncholos. Así se fue pasando
la tarde, hasta que volvimos a las cabañas bastantes cansados
y hambrientos.
Después de una picadita y charlar acerca de lo alegres que estábamos
de volver a pescar en esquina, nos fuimos a descansar para la jornada
del próximo día.
A la mañana siguiente, Miguel nos desperto bien
temprano bastante excitado y diciéndonos que íbamos a
pescar buenos dorados. Desayunamos unos mates y cargamos la lancha para
salir lo más rápido; el destino era ir río arriba,
para el lado de Goya, probaríamos primero en los arroyos y la
tarde haríamos los intentos sobre el Paraná, El día
estaba muy bueno, menos frió, totalmente despejado y con una
brisa leve, ideal para la pesca.
Navegamos casi 45 minutos e ingresamos por “El Aguara”,
un conocido arroyo que siempre posee caudal. Fuimos probando en diferentes
lados sin tener resultados, mientras ingresábamos por una laguna
donde veíamos bastantes movimiento en el agua, por esto decidimos
pescar ahi. Miguel fue acomodando la lancha de tal manera que pudiéramos
probar
sobre la una corredera en donde estaban los movimientos. Lanzamos las
morenas y las dejamos derivar casi unos 70 metros; pasaron los minutos
y entre risas y chanzas, hasta que sentí una llevada infernal
en la línea que después de una fuerte clavada, dio la
señal del pinchazo letal saliendo afuera del agua y mostrando
todo su color dorado…. !!!!!Ojo que es lindo grito Miguel¡¡¡¡¡¡¡¡
no lo apures. Así empecé la lucha mano a mano, sacaba
nylon y no se entregaba, se paseaba de un lado a otro de la lancha,
despacio lo fui arrimando, hasta que lo subimos, un hermoso dorado de
mas o menos 6 kilos, si bien no era de los grandes como venia el pique,
era un triunfo lo que habíamos logrado.
Después de las fotos, seguimos pescando, pero ahora mas con mas
entusiasmo por la captura.
Después de ese vinieron tres mas, del mismo porte, pero la diferencia
es que lo habían pescado Raúl y Carlos.
Pasado el medio día se levanto mucho viento
y decidimos ir a comer, así que nos acercamos a una costa y nos
preparamos un asadazo, que se estiro con sobremesa toda la tarde. Queríamos
probar en el Paraná, pero el viento dijo no y como con la alegría
que teníamos decidimos pasera y probar en algún lugar
mas.
La jornada la terminamos comiéndonos unas pastas caseras y disfrutando
de la buena compañía de Miguel, su esposa y Miriam, una
gran amiga.
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