| Llegamos a Beriso a las
7.00hs, mas precisamente a la guardería Marina del sur. Ahí
nos estaba esperando uno de los guías mas reconocidos del Rió
de la plata, Daniel Favrot. 
Este nos comentaba que la pesca estaba muy buena pero
que hay distintos parámetros que se tienen que dar para tener
una buena jornada de pesca. Hay días que el pescado come y días
en los que no, solo hay que tener suerte, por otro lado el tiempo es
primordial, en el río de la Plata el viento es muy clave, ya
que es muy peligroso pescar con vientos fuertes. Por otro lado el viaje
es muy largo y se complica bastante con el estado del río.
Salimos del embarcadero bastante tarde, debido a que
el viento era intenso y teníamos miedo que se complicara la navegación,
que de echo fue así, por que al principio nos costo bastante
poder navegar, el viento noreste movía bastante la superficie
el río.
Navegamos con destino a Colonia, la idea era pescar cerca de las Boyas
“Milton”, un par de boyas que maraca en hundimiento de un
barco ingles.
Una vez que llegamos al sector de pesca, preparamos los equipos, cebamos
el lugar y nos largamos al garete. La idea de pescar en el Rió
de la Plata es de utilizar la línea convencional de tres boyas
tramposa sin puntero (el único secreto es que las boyas tienen
que ser grandes, por que la pesca se realiza lejos de la embarcación
y es importante poder visualizarla bien)
Comenzó la pesca y ni bien cayeron las
boyas al agua, acuse un pique en la boya del medio, después de
una llevada fantástica, comenzó la lucha, se hundieron
las tres boyas y hasta el final nunca salieron, el resultado en el copo
un enorme flecha de plata de casi 1.200 Kg., detrás mío
vino Dany con otro monstruo terrible de casi 1.000 Kg., habíamos
arrancado a toda fiesta.
Seguimos pescando y por un rato no hubo mas pique, lo que suponíamos
que ya había pasado el cardumen. Solo había que esperar
la venida del nuevo cardumen. Que llego depuse de un rato, pero esta
vez fueron mas capturas, todas las cañas con pirque y todos con
verdaderos matungos.
Estaba feliz verdaderamente feliz, por ver como las boyas salían
disparadas con una velocidad y al sentir la resistencia del peje cuando
se sentía clavado en la línea.
Pescamos así casi todo el día, en forma intermitente,
pero con ráfagas de excelentes capturas.
A esos de las 14.30 hs decidimos retirarnos, por que el viento era bastante
firme y se iba a complicar
la vuelta.
Mientras volvíamos a la guardería, no podía ocultar
la felicidad que tenia, habíamos pescado como pocas veces, y
en una fecha casi inesperada.
Esta temporada que paso, fue la mejor en 10 años, esperemos poder
repetirla.
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