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Este
pesquero ocupa un amplio sector del sudoeste entrerriano, y para llegar
desde Bs. As. se transita la ruta Panamericana hasta Zarate. Allí
se cruzan los puentes que pasan por los ríos Paraná y
se agarra la Ruta Nacional No 12 hasta Ceibas, donde hay que desviar
a la izquierda y proseguir
hasta Gualeguay. Desde este punto se recorren otros 70 kilómetros
por las Ruta Provincial No 11 hasta arribar a Rincón de Nogoya
(en total son 300 kilómetros de buen asfalto.
La mejor señal de que habíamos llegado la constituía
unas series de bungalows que componen en complejo de cabañas
Acuarelas.
En época de inundaciones, el área de pesca se extiende
desde la misma ruta hasta el brazo oriental del Paraná. En este
lugar es alimentado por los desborde de los ríos Victoria, San
Lorenzo, Barrancoso y otros que se unen para desaguar en el Pavón.
A estos lugares se acceden por el arroyo que cruza la ruta, conocido
como Nogoya.
Navegamos durante 30 minutos sobre este curso, hasta arribar a la primera
gran masa de agua que constituyen las zonas inundadas por el rió
Victoria, seguimos unos 30 minutos mas, nos encontramos con el rió
Barrancoso, aquí
pudimos observar bastante movimiento en el agua, pero
en realidad nuestra meta era el rió San Lorenzo, asi que navegamos
unos 15 minutos mas, para llegar a este y buscar un buen lugar para
anclar.
Como carnada llevamos morenas, anguilas, cascarudos y tripa de sábalo.
También llevamos señuelos y cucharas para probar como
funcionaban.
Anclamos en un lugar donde desembocan tres arroyos, en el cause grande
y probamos con carnada natural.
Tiramos una caña con cada carnada, una con morena, una con anguila
y la otra con tripa de sábalo.
Apenas cayeron los aparejos al agua, comenzaron los piques. Sorprendidos,
cáñamos por instinto y vimos saltar tres soberbios dorados.
Dos se soltaron, pero el de Diego quedo prendido y tenia toda la intención
de desprenderse, por que peleaba de una forma increíble, corría,
saltaba y volvía a correr.
Cuando por fin lo pudimos reducir, nos dimos cuenta que era un hermosos
dorado de mas de 65 cm, la verdad que ya estaba completamente sorprendido
con lo que había visto.
Luego de las fotos y de devolverlo su habitat, tiramos nuevamente los
aparejos al agua para que en cuestión de minutos volver a tener
las tres cañas pique. En esta oportunidad clavamos dos de los
tres piques, los cuales también acusaron dorados de medida.
Seguimos pescando sobre el rió San Lorenzo hasta llegado el medio
día, que paramos para comer un buen asadito, en una de las tantas
islas que hay en este lugar. 
Mientras preparábamos la comida, me fui a probar suerte a un
arroyito que cruzaba por detrás de la isla. Encarne con filete
de sábalo y lance hacia el medio del mismo. Las respuestas no
tardaron, pero la sorpresa fue no tener piques de dorados, si no de
tarariras, las cuales se abalanzaban sobre la carnada cuando esta caía
al agua.
Mientras esperaba la comida capture aproximadamente unas 20 tarariras,
algunas de muy buen tamaño.
Después de comer y ya con una buena pesca encima, decidimos probar
suerte con el surubí.
Nos dirigimos río arriba, para el lado de Victoria. En estos
lugares hay varios arroyos que poseen buena profundidad y son aptos
para que el cachorro se alimente.
Encarnando con cascarudo y con morena, lanzamos los aparejos al agua.
Mientras esperábamos el pique vimos grandes cardúmenes
de mojarras, ser atacados por dorados, que se dirigían como torpedos
contra las mojarras.
Después de un rato sin tener respuestas de surubí en ese
lugar, probamos en otro, pero tampoco tuvimos ningún pique de
estos. Así pasamos toda la tarde tratando de clavar algún
surubí, pero al parecer todavía no llego a este lugar.
Al caer la tarde volvimos al embarcadero, con una satisfacción
enorme, por que no hace falta viajar tanto para poder medirse con estos
colosos.
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